

Alguna vez escuchaba contar al director de Hinterlaces, Oscar Schemel que, cuando se consultaba en focus groups de personas de los estratos D y E que se reconocían como chavistas cuál sería el líder ideal para el país y se le daba la opción de dibujarlo, un resultado curioso era el de un Chávez... más joven: ese Chávez que fue 25 kilos atrás, el de antes, el que encarnó la esperanza de amplios sectores del país que lo vieron (muchos todavía lo ven) como el héroe que estaban esperando para corregir todos los errores de nuestra democracia y los males de la nación.Quienes hoy se burlan y hablan con desdén de la "acera amplia" de la oposición (porque se encuentran en la misma gente con nada en común y que ni se tratan) se olvidan de que en la de Chávez del 98 cabían sospechosamente Pablo Medina y Olavarría; los Boulton y Lina Ron... por sólo hablar de los extremos.Más y mejor democracia, pero...Uno para todos¿Cómo era posible que todos estuvieran del mismo lado? Porque Chávez, como el espejo curvo de Chejov, les devolvía una imagen mucho más bella de sí mismos: los pobres veían uno de los suyos mejor dotado; los demócratas un militar que había usado las armas en contra de los excesos de los políticos; los empresarios un líder con arraigo popular con el que se podía hablar y la izquierda un fenómeno electoral con el apoyo de Fidel Castro.Chávez, como la metamorfa de los X-Men, se volvía una réplica perfecta: aunque era solo uno, los representaba a todos. Por ello era único e irrepetible. Todos le creyeron. Hasta él se lo creyó...
Justo es reconocerlo, en este país la derecha no ha estado a la altura de su desempeño en otros países y no tenemos un Abby Lincoln que disculpe o justifique su persistencia en nuestra sociedad.Sin embargo, es innegable que muchos de sus valores (los que defienden al individuo del colectivo) han sido y son la piedra de tranca del avance del comunismo de todos los tiempos, por más que ahora se haga llamar Socialismo del siglo XXI.
Cuidado con lo que quieres...
... puede ser que lo consigas
Chávez, más que un Mesías ha sido un líder simbólico y derrotar su discurso es parte de lo que trataremos la próxima semana.De momento, quizás debamos comenzar por entender que, antes que necesitar un "gallo" igual a Chávez... pero que no tenga todo lo malo de él incluyendo su equipo, lo que requerimos es reconocer que Chávez - efectivamente - nos representa mejor de lo que quisiéramos: intenta siempre imponer lo que quiere y espera obediencia ciega; maneja la ley y las normas a su conveniencia y si no puede evitarlo; protege a los suyos (el grupo pequeño, no el gran colectivo) a costa de saltarse las normas y, en el fondo, no cree en la democracia a menos que lo favorezca... como todos aquellos que rezan por un golpe (desde que ganó) porque no lo querían.
El monstruo es NUESTRO monstruo: lo construimos, lo empoderamos y le dimos argumentos para apertrecharse en Miraflores a la brava, defendiéndose de quienes no le perdonaron que ganara pese a ser pobre, negro y feo.Chávez es sólo la expresión, no el problema: comprender que un tipo "como Chávez" (otro héroe o titán).sólo puede traernos un Chávez corregido y aumentado puede que nos cure de querer un "más arrecho" en lugar de una más eficiente (como Rosales), formal y disciplinado (como Capriles), sereno (como Salas); alegre y dedicado (como Ocariz) o decidido y resteado con el colectivo (como Ledezma, Pablo Pérez y Pérez Vivas).Antes de ver cómo resolvemos el Chávez de Miraflores quizás debamos combatir al Chavecito que llevamos dentro: el que nos impide valorar y creer en los líderes que vamos teniendo y afinar, con ellos, un proyecto de país que mejore la Constitución del 99, recordando que ésta es lo único en lo que Chávez recogió las aspiraciones de sus seguidores por encima de las suyas.Se impone, pues, antes de la resistencia, el exorcismo... Darnos el país que queremos no es la obra de uno (el titán) sino el compromiso de todos. Y para ello no se requiere un héroe invencible. A menos, por supuesto, que sea Harry Potter: la magia, el amor y el sacrificio por los seres queridos nunca están de más... siempre y cuando podamos distinguir que el servicio público y el ejercicio de la política, en si mismos, son un sacrificio.
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